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El primer amor por Dios

Sermón: El primer amor por Dios.

 

 

 

1) No debemos descuidar nuestro primer amor por Dios. Apocalipsis 2:1-4.   

“Escribe al ángel de la iglesia en Efeso: El que tiene las siete estrellas en si diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de roro, dice esto: Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia… y has sufrido, y has trabajado arduamente por amor a mi nombre… Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor”. 

Como podemos ver la iglesia de Efeso, era una iglesia especial, y que por amor al nombre del Señor trabajaba arduamente en su obra. Se destacan su perseverancia y su lealtad a la palabra de Dios. En medio de las pruebas ha perseverado y no ha abandonado su fe en Cristo. Cosas que Dios exalta en ella, pues son buenas.   

Sin embargo, en el versículo tres el Señor Jesucristo hace un reclamo: “Has dejado tu primer amor”. Notemos que todas las cosas anteriores, la iglesia de Efeso las ha hecho por amor al nombre del Señor, por eso Cristo le dijo: “Has trabajado arduamente por amor de mi nombre”. 

Pero, el Señor Jesús identifica que su iglesia ha caído en un enfriamiento espiritual su iglesia no lo ama como al principio. Su amor actual por el Señor ha decaído, aquel primer amor por Dios ha sido distorsionado por diversas cosas, y por eso Jesús dice: “Ya no me amas como al principio”. El cristiano de Efeso había descuidado su amor por Cristo. 

Hablamos de ciertos aspectos como:   

Es cuando hay oración (rezos), pero poca comunión con Dios.

Concluimos que podemos reemplazar adoración personal por servicio en la iglesia.

Descuidamos el discernimiento espiritual y juzgamos por nuestro propio parecer.

No hay pasión misionera, es decir, no hay deseos de que otros conozcan a Cristo, más bien el cristiano se empieza a identificar con el modo de pensar del mundo.

No hay pasión por el Espíritu Santo, y peor aún, ni siquiera se reconoce y busca su presencia.    

 

 

 

2) Cristo mismo nos dice cómo recuperar el primer amor por Dios. Apocalipsis 2:5. 

“Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su llegar, si no te hubieres arrepentido”.        

a) El Señor Jesús nos da las instrucciones para restaurar el primer amor por Dios en nuestra vida. Lo primero que debemos hacer es recordar de donde hemos caído. 

Recordar significa ejercer memoria, volver a traer a nuestra mente. Dice: “recuerda de dónde has caído”, entonces, el amor por Dios nos ubica en escenarios especiales, lugares de privilegio espiritual, posiciones de autoridad sobre el enemigo, niveles especiales de unción y poder en el Espíritu Santo. Cosas que debemos recuperar. 

b) Seguidamente dice el Señor Jesús: “Y arrepiéntete, y haz las primeras obras”. Es muy interesante observar, que el arrepentimiento no es sólo tristeza y dolor por lo sucedido, sino acciones como las primeras. 

Notemos que ellos ya tenían obras (que Cristo destacó), pero ahora él solicita las primeras, es decir, aquellas que nacen en un corazón sencillo y limpio, libre de religión y orgullo espiritual, libre de todo egoísmo, un corazón genuino y humilde que reconoce que todo lo que es y hace, es por la gracia de Dios. 

Un corazón que no se deja engañar por los afanes de este mundo, y que tampoco se trasnocha por sus motivos egoístas, sino que sabe y vive la realidad que Cristo enseñó: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás vendrá por añadidura”.

 

 

 

c) Es fundamental, escuchar a Cristo y seguir su consejo, pues si la iglesia de Efeso no lo hace, entonces dijo el Señor: “Quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido”. 

La iglesia es el candelero, y resplandece por la luz de Cristo en ella, pero si su presencia no está, ya no hay luz, ya no hay vida, sólo religión y rutinas vacías que pueden tranquilizar temporalmente la conciencia humana, pero nunca satisfacen realmente el corazón necesitado, sólo generan pesadas cargas al que ya está afligido. Salvación y vida sólo se encuentran en Cristo Jesús, él vino atraer vida y vida en abundancia.  

3) Escucha atentamente las palabras de Dios, esto te ayuda a recuperar tu amor por Dios. Apocalipsis 2:7. 

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios”. 

Este versículo es muy interesante, pues nos dice varias cosas muy importantes: 

Cristo empezó hablando (en el versículo uno) y termina el Espíritu Santo en el versículo siete. Porque el Padre, el Hijo y el Espíritu son uno solo.

 

 

 

Sí todos tenemos oídos, por qué dice el Señor: “¿El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias?”. Sin duda, es una referencia a escuchar y recibir el mensaje de Dios, no atenderlo significa no tener oído para el Espíritu.    

El mensaje nace inicialmente para la iglesia de Efeso, pero al final dice: “Oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”. Entonces, es un mensaje para todas las iglesias, las del primer siglo, las de hoy y las de mañana. Es fundamental cuidar y fortalecer el primer amor por Dios. 

El Señor recompensa a quien persevera y lucha, el Señor galardona al vencedor, a aquel que derrota el enfriamiento espiritual, aquel que supera la rutina religiosa, aquel que se propone volver al primer amor, Dios bendice a la persona que decide buscar al Señor como antes.    (Escrito por Pastor Gonzalo Sanabria).  

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