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La verdadera adoración a Dios

Sermón: La verdadera adoración a Dios.

 

 

 

La adoración a Dios debe ser en espíritu y en verdad, nuestro corazón debe rendirse al Señor Jesucristo completamente. La adoración verdadera a Dios debe estar exenta de nuestro orgullo y ego, pues sólo Dios debe ser exaltado y reconocido.   

Todos enfrentamos, a lo largo de nuestra vida, diversos momentos, algunos muy felices y otros de gran tristeza. Por eso, hay diversas razones por las cuales aparecen las lágrimas en nuestros ojos, desde una gran alegría hasta una profunda tristeza, pasando por las causadas al cortar las cebollas.   

Sin embargo, hay unas lágrimas especiales, son aquellas que surgen cuando rendimos nuestra adoración a Dios, al entrar en su presencia es inevitable derramar nuestro corazón como aguas delante de él, su poder, su gloria e inmenso amor nos cubren y ministran de modo especial y único.   

En aquellos momentos, es muy difícil describir con nuestras palabras lo que experimentamos en un tiempo así. De igual manera, cuando recordamos Su perdón, y cómo ha preservado nuestra vida y la de nuestra familia de grandes peligros, cómo nos ha ayudado en nuestras pruebas y crisis, lágrimas brotan de nuestros ojos ante la presencia del Señor.       

Nos dice la palabra de Dios en el evangelio de Lucas: “Entonces una mujer en la ciudad, que era pecadora, como entendió que estaba a la mesa en casa de aquel fariseo, trajo un vaso de alabastro con perfume; y estando a los pies de Jesús, detrás de él, empezó a llorar y a regar con lágrimas sus pies, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume”, según Lucas 7:36-38. 

Toda nuestra adoración debe ser para el Señor.    

Teniendo en cuenta el contexto de estos versículos, en este momento de adoración es importante tener en cuenta las actitudes del fariseo. Vemos por ejemplo, que él no recibió al Señor Jesús como era digno, como correspondía un recibimiento al Maestro.   

Debemos recordar que, dentro de la cultura de los hebreos, ellos tenían como práctica atender a los invitados al banquete con el siguiente protocolo: 

Sus pies eran lavados,

Eran recibidos con un beso como saludo de cortesía,

Su cabeza era ungida con aceite perfumado (preparado con especies aromáticas, era un perfume especial). 

Por lo cual, podemos concluir que ni siquiera trató a Jesús como un invitado normal, o como era la costumbre.   

 

 

 

Evitemos el espíritu fariseo.     

Este pasaje de la Biblia nos enseña que el fariseo condenó el acto de adoración de la mujer, y también al Señor Jesús por recibir la adoración de una pecadora. Nos dice Lucas 7:39 “Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora”. 

Debemos destacar que, eran características evidentes de los fariseos su vida religiosa (llena de rituales externos y formalismos) y la hipocresía, ellos siempre buscaban las maneras de ser vistos y reconocidos por las demás personas. Procuraban el reconocimiento de los hombres, y no el de Dios.   

De esta lectura, podemos concluir que el espíritu fariseo juzga y cuestiona lo que el Señor Jesús hace (como maestros de la Ley, ellos consideraban que eran tan santos que una mujer pecadora no los podía tocar). Son los extremos de la vida religiosa, cosas que debemos evitar.    

También por la lectura del pasaje, podemos ver que éste fariseo no creía en Jesús como el Mesías (pues piensa: “sí éste fuera profeta”); sin embargo, lo invitó a su casa, seguramente quería mostrar sus influencias al tener al Maestro en su casa, Maestro del cual todos estaban hablando.   

Jesucristo es Maestro por excelencia.   

Debemos ahora considerar y reflexionar en las acciones y palabras del Señor Jesús en aquel momento. 

En primer lugar, el Señor Jesús recibió la adoración de una “pecadora”; esto nos enseña que para Jesús tiene mayor valor un corazón sincero, que los títulos, posiciones y todas las obras religiosas y rutinarias que podamos practicar.   

Este pasaje nos enseña, que las lágrimas a los pies del Señor Jesús son una expresión de humildad y reconocimiento de nuestra condición y necesidad de él.  

En segundo lugar, podemos ver que el Señor Jesús le enseñó al fariseo lo que es la verdadera adoración. Ésta va más allá de levantar las manos o alzar la voz, le enseña que la verdadera adoración nace en el corazón que con sencillez y honestidad reconoce su condición, y recibe por la fe en Jesús la gracia de Dios que perdona nuestros pecados y restaura nuestra vida.        

En tercer lugar, podemos ver que el Señor Jesús defiende a aquellos que le dan adoración. Lucas 7:44-46, 50. El Maestro le dice: “No mediste agua para mi pies, no me diste beso, no ungiste mi cabeza con aceite… pero ésta con sus lágrimas ha regado mis pies y con su cabello los ha secado, ha besado también mis pies y con su perfume los ha ungido”, y por último el Señor le dice a la mujer: “Tu fe te ha salvado, ve en paz”. 

Debemos tener presente, que para el fariseo esta mujer era una pecadora indigna de tocar al Maestro, pero Jesús la honró delante de todos los que allí estaban, porque Jesús defiende y honra a aquellos que le adoran y le buscan.

 

     

 

Nuestro amor por Jesucristo debe crecer continuamente.   

En este pasaje de la Escritura, podemos ver además al Señor Jesús enseñando algo muy importante: El grado de revelación de tu perdón, determina tu nivel de adoración (Lucas 7:47 “Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; más aquel a quien se le perdona poco, poco ama”). 

Es interesante notar que, el fariseo no adoró al Señor Jesús, porque su justicia estaba basada en sus propios actos humanos y religiosos. La verdadera adoración a Dios está exenta de todas estas cosas. 

Aquella mujer agobiada por su culpa, entró en aquella casa y adoró al Señor, porque solo en Jesucristo el ser humano encuentra la gracia del perdón. Cuanto más comprendes el perdón del Señor, más grande es tu amor por él y por su obra en la cruz.  

Conclusión: La verdadera adoración a nuestro Dios está exenta de rituales vacíos y apariencias humanas; es aquella que nace en un corazón sincero, transparente delante de Dios y que al reconocer su necesidad acude al Señor para beber de Aquel que es la fuente de agua de vida.  

 

 

 

Escrito por Pastor Gonzalo Sanabria. 

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3 Comments:

  1. Q afortunados somos de conocer al Señor y de que Él llene nuestras vidas. Buscarle y adorarle es un privilegio precioso!!

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    1. El Señor Jesús bendiga tu vida Sara, y tu familia. Muchas gracias por dejarnos tu valioso comentario, y por apoyar esta labor.

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