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La bendición y victoria es la voluntad de Dios para sus hijos.

La tierra de la abundancia es la voluntad de Dios para su pueblo. Desde el mismo Edén podemos ver que el deseo de Dios es la bendición y bienestar de sus hijos, por eso nos enseña una y otra vez los principios de la prosperidad integral, veamos por ejemplo:  

Josué 1:7-8 Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.

Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien”.

Dios sacó con mano poderosa a su pueblo de cuatrocientos años de esclavitud egipcia, lo llevó por el desierto mostrándoles su cuidado y provisión sobrenatural, pero el desierto no era su destino, era una etapa de transición y de formación solamente. 

Cuando están a punto de entrar a la tierra que fluye leche y miel, el Señor le da a Josué varias instrucciones, no sólo para conquistar la tierra prometida sino para mantener la bendición. Instrucciones que a su vez también son fundamentales para nosotros hoy día.   

Como podemos ver en el versículo siete se le pide a Josué ser valiente y esforzado, pero en este caso no dice para vencer a los gigantes cananeos, sino para obedecer la ley de Dios. Si Josué observa la ley de Dios en su caminar, ella actuará como una luz que le impedirá ir por el mal camino.   

Y como resultado de andar por el camino de la ley de Dios sería Josué prosperado en todas las cosas. Aquí, en éste versículo siete la palabra “prosperado” se traduce del término hebreo “sakal” que además significa: inteligente, sabiduría, triunfo, éxito. Entonces éste término hace énfasis en la inteligencia que por la palabra de Dios se adquiere para triunfar y tener éxito en la vida.

El versículo ocho nos enseña varias cosas vitales para prosperar. Nos dice que debemos meditar en la palabra de Dios, esta palabra quiere decir hablar en voz baja, como un murmullo, es casi que orar la palabra, es reflexionar en ella, es deleitarse en la lectura y reflexión del libro de Dios. De esa manera siempre la ley de Dios estará en tu boca, como dice inicialmente el versículo ocho.        

Luego nos dice: “para que guardes y hagas lo que en él está escrito”. Entonces lo primero es meditar, luego guardar y posteriormente hacer. Estos tres aspectos se desarrollan de manera consecutiva, es decir, cuando meditamos la palabra de Dios, poco a poco ella empieza a ser guardada en nuestro corazón.

Como la palabra de Dios es una semilla poderosa de vida, al ser guardada en nuestro corazón, ella empieza a generar un cambio, ella empieza a echar raíces y genera acciones coherentes de acuerdo a la naturaleza de la semilla.

Cuando en la tierra se depositan semillas de maíz, eso dará la tierra (no puedes esperar otra cosa); cuando en un corazón se siembra maldad, las acciones de aquella persona serán obras de maldad; cuando en nuestro corazón sembramos palabra de Dios será vida y vida en abundancia lo que cosecharemos.    

Es allí cuando nos dice la Escritura (parte final del versículo ocho) “entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien”. Recordemos que la palabra prosperidad del versículo siete se traduce del término hebreo “sakal”, pero aquí la palabra “prosperar” no se traduce de éste mismo término, sino de “tsalakj” que significa: empujar hacia adelante, triunfar.

Entonces en el versículo siete la palabra (prosperidad) hace énfasis indicando la inteligencia y sabiduría que te da la palabra de Dios, y el versículo ocho nos enseña que el poder transformador de la palabra nos lleva a acciones coherentes con aquella palabra, esto es obediencia, y por tanto será inevitable la prosperidad que vendrá sobre ti en todo lo que emprendas.     

Escrito por Pastor Gonzalo Sanabria.                                 
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