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El alfarero sabe muy bien lo que hace

Introducción: En la Biblia vemos  muchos casos de personas que por no reconocer el poder y soberanía de Dios tuvieron muy malos resultados, como por ejemplo el faraón según el libro de Éxodo, Nabucodonosor rey de Babilonia, el mismo rey Herodes, etc... 

Además de este artículo, te invitamos a leer otros sermones que bendecirán tu vida: 




El alfarero sabe muy bien lo que hace.

Pero aquellas personas que decidieron confiar y esperar en Dios, y siguieron su consejo obtuvieron grandes logros y victorias. No se trata de conseguir lo que queremos, sino de alcanzar lo que Dios quiere; no se trata de satisfacer nuestros deseos, sino de alcanzar los propósitos de Dios para nuestra vida.

Recordemos que para Jesús hacer la voluntad del Padre celestial fue su prioridad, aunque a veces hacerlo implicaba dolor, por eso el Señor antes de ir a la cruz dijo: “si es posible quita de mi esta copa, pero no sea como yo quiero sino como tú”.   

1) Creados por la mano de Dios, Génesis 2:7.   

“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra,  y sopló en su nariz aliento de vida,  y fue el hombre un ser viviente”.

Cuando el Señor crea la tierra decide gobernarla a través del hombre, y como nos dice éste versículo “Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra”. El término “formó” se traduce de la palabra hebrea “yatsar” la cual es un término técnico de la alfarería.

“Yatsar” tiene varios significados, por ejemplo: introducir en un molde, ser formado, ser amoldado, dar una forma deseada. Entonces cuando Dios decide crear al hombre tomó del polvo de la tierra (aquí la palabra “polvo” indica: tierra, barro, terrones) para hacer al hombre de acuerdo a su propósito.      

El propósito de Dios era que el ser humano fuera su embajador en la tierra, que ejerciera la administración sobre su creación en este planeta, su representante en la tierra, por eso el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. Era uno que portaba o llevaba la gloria, poder, autoridad e imagen de Dios mismo.  

Lamentablemente el pecado y las malas decisiones afectaron ese propósito y entonces se perdieron los privilegios y las condiciones iniciales. Pero en el tiempo perfecto Dios envió a su Hijo Jesucristo para redimirnos y restaurar lo que había sido dañado.

Es por eso que cuando el apóstol Pablo le escribe a los gálatas les dice: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” Gálatas 4:19. Entonces la imagen y semejanza que teníamos al principio y que se dañó por el pecado, Cristo ha venido a restaurarla en nosotros.

Esta restauración o formación de Cristo en nosotros implica nuestra rendición a su voluntad, pues a lo largo de la Biblia vemos que sí el hombre no se dispone para Dios difícilmente los planes divinos en la vida del ser humano se cumplirán. Es necesario entonces disponer nuestra voluntad en las manos de Aquel que nos creó.         

(Te invito a leer: Deposita tu confianza en Dios.). 

Precisamente el apóstol Pablo es una muestra de la misericordia de Dios, pues siendo perseguidor de la iglesia Cristo lo llamó a predicar la gracia que perseguía, y por eso Jesús dijo: “Instrumento escogido me es éste” (Hechos 9:15).

La palabra “instrumento” aquí se traduce del término griego “skeuos” que además significa: vasija, vaso, recipiente, cerámica, cuerpo. Palabras que nos recuerdan que cada uno de los hijos de Dios es una vasija (creada con el polvo de la tierra) en la que el Señor pone sus tesoros y nos crea con diversos propósitos.

Así como las vasijas creadas por el hombre responden a diferentes propósitos, también las vasijas creadas por Dios responden a diferentes planes o propósitos. El éxito de la vasija es aceptar su diseño y caminar en el plan para el cual fue creada, es decir cumplir con el oficio para el cual fue planeada.   

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 2) Dios es nuestro dueño, él es el Señor y soberano Rey. Romanos 9:20-26.   

“Más antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?” Romanos 9:20-21.

Este pasaje nos enseña sobre la soberanía y poder de Dios sobre los hombres. Inicialmente menciona el ejemplo del alfarero y el barro, en donde el alfarero tiene toda la soberanía y poder para hacer la vasija de barro como él quiere, y nunca la vasija de barro altercará con el alfarero diciéndole: ¿Por qué me has hecho así?  

El alfarero divino tiene todo el poder y gobierno para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra. En el contexto habla del Faraón quien oprimía a Israel y no lo dejaba ir a adorar a Dios. Una y otra vez el Señor envió a Moisés, pero Faraón endureció su corazón y poco a poco se fue convirtiendo en un vaso para ira.      

Los versículos 22 y 23  de Romanos 9 nos hablan de vasos para ira y vasos para misericordia. El hombre tiene libre albedrío, es decir libre voluntad, él ser humano define con sus decisiones ser vaso de ira o ser vaso de misericordia.

Dios todo lo sabe, incluso tus pensamientos de mañana sin intervenir en tu proceso mental. Dios sabía que el Faraón endurecería su corazón y que sólo con las diez plagas dejaría salir a Israel de Egipto.      

El Faraón endureció su corazón delante de Dios y cada vez más, de modo que el juicio del Señor vino sobre él y sobre su imperio. Se convirtió en vaso de ira, y el poder de Dios vino sobre Egipto y éste imperio fue prácticamente destruido.

A nosotros nos ha alcanzado la gracia de Dios en Cristo Jesús, y los que nos éramos pueblo de Dios vinimos a ser pueblo del Señor, linaje especial, real sacerdocio, hijos del Dios viviente.

Este es un momento para decir: “Gracias Señor Jesús por haberme traído al conocimiento de tu verdad y alcanzarme con tu gracia y misericordia”.     

(Te invito a leer: Servir a Dios es un gran honor y privilegio.).

3) Actitudes que debemos tener ante la formación divina (Jeremías 18:1-6):  

Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.

Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel”.

Mediante esta figura Dios le habla a Jeremías para que anuncie a Israel el mensaje del Señor, y les recuerda que él es como el alfarero con el barro, y que tiene a todo Israel en sus manos. Dios hará su buena voluntad en ellos y cumplirá su propósito con Israel.

Para que todo el proceso del barro salga bien y se llegue a una buena vasija al final, es necesario que exista humildad y mansedumbre de corazón, pues el orgullo, la soberbia y el egoísmo son como piedras y basura que ensucian y afectan el barro. Por eso Jesús dijo: “aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”.

Por eso entonces debemos tener en cuenta las actitudes correctas ante la labor formativa de Dios en nuestra vida:       

a) Confía en la buena voluntad del alfarero divino (Nuestra vida está en las manos de Dios y él es bueno, y todo lo que hace es para nuestro bien; algunas cosas quizá serán y han sido difíciles de entender, pero el Señor todo lo hace para salvación y bendición nuestra).  

b) Confía en la protección del alfarero (Nada se sale de las manos de Dios, el Señor protege sus propósitos. El alfarero toma el barro en sus manos, sin duda, las mejores manos, las más poderosas, la mano de Dios protege a su pueblo y nada ni nadie lo puede tocar sin el permiso del Señor).  

c) Espera con gozo los tiempos del alfarero (Por lo general cuesta esperar y esto se debe a que deseamos las cosas en nuestro tiempo, luchamos con la ansiedad, tenemos miedo o porque tenemos motivos egoístas; pero las mejores cosas son las que se dan en el tiempo perfecto de Dios).  

d) Permite al alfarero dar la forma que él quiere a su vasija (no todos son salmistas, no todos son predicadores, no todos los pastores van a pastorear mega iglesias, no todos son profetas, etc, pero todos debemos dejar que Dios haga de nosotros el instrumento que él desee).  

e) Confía en la perfecta sabiduría del alfarero y en su poder transformador (con sus herramientas el alfarero da forma a la vasija, y quita las asperezas y materiales que echan a perder la vasija).

En el taller del alfarero encontramos diversas herramientas: cuchillos para cortar, los raspadores, los punzadores, las brochas y los pinceles, diferentes tipos de lija, etc, y por supuesto el torno y el horno.

(Te invito a leer: Dios trae lo mejor para tu vida. ).

Todas ellas con propósitos específicos, por ejemplo raspar las partes toscas de la vasija, lijar las asperezas, quitar las piedras que estorban, cortar ciertas secciones de barro; en el torno se le da forma a la vasija y son las manos del alfarero la principal herramienta.

Tal vez algunos momentos de formación son dolorosos, pero necesarios, pues el objetivo del alfarero es que la vasija quede bien, no a medias, ni con malos materiales que echen a perder luego el contenido que en ella van a depositar.   

Después de quitar los materiales inapropiados del barro y de darle forma a la vasija, debe el alfarero llevarla al horno donde la temperatura le dará la dureza necesaria a la vasija, para que cumpla con su diseño.     

f) Confía en el poder restaurador del alfarero, Dios tiene el poder de reparar lo dañado y restaurar lo que se ha perdido (por eso tomó la vasija que se había echado a perder y la hizo de nuevo).

Desde el Edén, desde las generaciones antediluvianas hasta que entremos en el reino eterno, lo más valioso para Dios es aquel corazón que hace su voluntad. A él no lo sorprendió la torre de Babel, ni la gran Babilonia, ni el majestuoso templo de Herodes, a él lo cautivan los corazones que se rinden a su voluntad. A Dios no lo sorprende una gran montaña de oro, sino un corazón dispuesto a hacer su voluntad.       

Conclusión: No hay nada imposible para Dios, no hay ninguna cosa difícil para el Señor. Pero si hay algo que nosotros debemos hacer, es rendir nuestra voluntad a él. Pedirle y permitir que haga su voluntad en nosotros, por eso aún en el momento más difícil de su vida Jesús dijo: “Padre mío, que no sea como yo quiero, sino como tú”.

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Escrito por Pastor Gonzalo Sanabria.                                 

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6 Comments:

  1. Amen...Tremendo mensaje. El Espiritu Santo de Dios me habla constantemente a traves de este mensaje...Señor seguire confiado en que estas haciendo tu buena obra en mi...Te Amo Mi Dios!!!

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  2. El Señor les siga bendiciendo pastor para poder leer sus estudios porque son de gran bendición en mi vida.
    Qué gran estudio para recordarnos que debemos dejarlo todo en manos del Señor y confiar en Él y sus tiempos siempre!

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  3. Gracias pastor Dios le siga usando para bendecir a muchos

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  4. Amén. Que Dis lo siga usando en gran manera. Bendiciones.

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  5. Pastor,¡ Que enseñanza tan Hermosa !, inspirado has sido por el Espíritu Santo, Dios te continúe Bendiciendo

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