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LA SALVACIÓN VA MUCHO MÁS ALLÁ DEL PERDÓN DE PECADOS

Tres actos esenciales de la salvación: justificación, redención y propiciación, Romanos 3:21-26.  

a) La justificación. Significa: declarar justo o inocente. 

Acto mediante el cual el Dios santo declara justo o absuelto al pecador que viene ante él, por cuanto Cristo ha llevado su culpa y castigo en la cruz. Esta justificación es gratuita e inmerecida (esto es gracia)...

La demanda de la santidad divina ha quedado plenamente satisfecha en Jesucristo, quien totalmente santo y justo, recibió el castigo de la ira divina por nuestros pecados. Como ocurre en los estrados judiciales, el Padre Celestial es el Juez del universo visible e invisible, la Palabra de Dios es su ley, y cuando el pecador comparece ante él la sentencia es condenación eterna.

Aquí aparece la solución en Cristo, quien además actúa como abogado defensor: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” 1 Juan 2:1. El diablo es el acusador quien con pruebas (muchos pecados o infracciones de la ley divina) viene a solicitar la condenación del reo.

Ante esto el Padre debe dictar sentencia, cuando el pecador se acoge a Cristo y a su obra por la fe, entonces el Juez del universo declara inocente o justo al pecador, por eso dice: “Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor”. Nadie más te puede acusar o condenar, has sido declarado justo ante Dios por medio de Jesucristo, has sido justificado gratuitamente por su gracia.           

b) La redención. Traducción del término griego “apolutrosis” que además significa: rescate de esclavo o prisionero, librar por pagar precio de rescate.      

Seguramente pablo tiene en mente la figura del mercado de esclavos de esa época. Un hacendado o “señor” iba al lugar donde estaban quienes vendían y compraban esclavos, allí entraba y después de seleccionar la persona en cuestión, acordaba el precio con el dueño para la compra. 

Una vez se realizada la transacción esa persona comprada era de completa propiedad del señor que le adquirió. Vemos esto por ejemplo cuando los hermanos de José lo vendieron a unos ismaelitas mercaderes y luego ellos lo vendieron al general egipcio Potifar.  

Para ser libre tenía que pagar el precio de su rescate o venir alguien y comprarlo a su dueño para luego dejarlo ir. Teniendo en cuenta esto Pedro dijo: “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” 1 Pedro 1:18-19. 

Por tanto no hay riquezas en el mundo que puedan redimir el alma del hombre, excepto la pura y perfecta sangre de Jesucristo. Podemos ver entonces aquí cuan alto y precioso es el valor del hombre para Dios.

c) La propiciación: acto donde se logra el perdón de pecados. 

En el pueblo de Israel una vez al año el sumo sacerdote entraba en el lugar santísimo, después de haber ofrecido sacrifico por su propio pecado. Allí quemaba el incienso preparado previamente (figura de nuestras oraciones hoy día) y una nube cubría el lugar. Luego el sumo sacerdote rociaba el propiciatorio (que es la tapa que cubría el arca de oro) y hacía era expiado el pecado de la nación de Israel.

Recordemos que el arca contenía tres elementos: una porción de maná, las tablas de la ley y la vara de Aarón que reverdeció. Estos tres elementos nos recuerdan diferentes momentos de rebelión de Israel por el desierto: 

1) El maná fue la provisión de Dios cuando el pueblo se quejaba porque no había comida, 
2) las tablas de la ley que ninguno cumplía a cabalidad, 
3) y la vara retoñada fue el medio que Dios usó para demostrar que Aarón era el escogido por Dios como sumo sacerdote cuando Coré, Datán y Abiram se rebelaron contra Dios, contra Moisés y su hermano.

Ese contenido estaba cubierto por el propiciatorio (cubierta o tapa) y cuando allí se derramaba la sangre del cordero (propiciación) entonces Dios era propicio al pecado de su pueblo, perdonándoles su maldad.

Es interesante tener en cuenta que en esa tapa (propiciatorio) había dos querubines de oro, pues también Dios puso dos querubines con espada en la entrada del Edén cuando el hombre fue expulsado para que nadie más entrara. Pero estos querubines no tienen espada pues la atmosfera es de reconciliación y por eso sus ojos miran el propiciatorio siendo testigos del perdón de Dios por causa de la sangre del cordero. Es el lugar donde el hombre caído restaura su relación con Dios.            

Escrito por Pastor Gonzalo Sanabria.


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