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LA SEGUNDA TENTACIÓN DE JESÚS EN EL DESIERTO

LA SEGUNDA TENTACIÓN DE JESÚS EN EL DESIERTO

La segunda tentación que Jesús enfrentó en el desierto expone cómo el diablo procura encontrar orgullo en el corazón, y desde allí trabajar su plan para hacer caer a los hijos de Dios. El tentador sabe que la acción soberbia y orgullosa precede la caída, pues por esto fue lanzado desde el cielo, perdiendo todos los privilegios que tenía, y sin duda la mayor pérdida fue estar separado de la presencia de Dios para siempre…      

LA SEGUNDA TENTACIÓN DE JESÚS EN EL DESIERTO

Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios” Mateo 4:5-7.

Es necesario considerar varios detalles muy importantes en éste pasaje: el Pináculo es la parte elevada del templo, es un lugar visto por todo el público asistente al templo, es un lugar donde hay mucha gente alrededor. La Tentación es abusar de la Palabra de Dios, es querer obligar la acción del Señor. Es Tentar a Dios. Recordemos que Israel tentó a Dios en el desierto, y los resultados fueron funestos.

La tentación es conseguir fama sin Dios. Es un proyecto, plan, o ministerio sin presencia divina. Tengamos siempre presente que el diablo levantará al hombre para hacerlo caer. Dios quebrantará al hombre para ponerlo en lugar alto. Por ejemplo: José, el hijo de Jacob, quien fue tratado por Dios primero en la casa de Potifar, y luego en la cárcel de los presos del rey, pero en el tiempo de Dios salió a gobernar Egipto. Te invitamos a leer: “José Interpreta El Sueño De Faraón”. 

El quebrantamiento o formación divina, antecede la gloria de Dios, es la formación de un carácter “manso y humilde”, integro, como el de Jesús. En el texto de hoy vemos también que la segunda tentación de Jesús tiene que ver con la presunción (jactancia) y el deseo de  llamar la atención. Deseo de aumentar la fama, demostrando así la arrogancia y orgullo del corazón. Es una tentación en la que queriendo mantener y lograr más fama o posición, se pueden tomar caminos equivocados, cuyo final es doloroso y frustrante.

Entre más usados seamos por Dios, más humildes debemos ser. A mayor altura, los vientos soplan más fuerte, arrodillarnos es una excelente posición para evitar esos fuertes vientos.  Por eso en la medida en que él derrama más unción, privilegios o dones, requerimos mayor dependencia de Dios.

Reflexión final: Dios quiere llevarnos en victoria, ésta depende de la humildad de corazón, y de la comunión sincera y sencilla con él. Honra a Dios primero y él lo hará contigo, pues Dios honra a los que le honran.

(Escrito por Pastor Gonzalo Sanabria)

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