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LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO

LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO
Sin duda las crisis son oportunidades para conocer más a Dios. La familia de Marta y María acaban de vivir una momento muy triste su hermano Lázaro ha muerto, y Jesús ha llegado a su casa. Marta, hermana de Lázaro vive una confusión entre la fe en Jesús y su tristeza. Ella sabía de la resurrección, pero no sabía quién era la resurrección y la vida, aunque lo tenía frente a ella. No basta con saber de Jesús, es necesario conocerlo…   

LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente” Juan 11:25-26. 
Marta como buena judía fue enseñada acerca de la resurrección en el día final. Pero todo este conocimiento doctrinal cae ante “la revelación de Jesús”, el Señor le dice a Marta “Yo soy la resurrección y la vida”. Esto nos recuerda que podemos tener bastante conocimiento bíblico (que es bueno y necesario), pero esto no garantiza que en ese mismo nivel conocemos a Dios. Jesús es dador de vida, y ese poder está por encima de la misma muerte.  

En ésta historia vemos una expresión de la humanidad de Jesús. Jesús lloró, estremecido en su espíritu, y conmovido. La Biblia nos muestra a Jesús llorando aquí, llorando en Getsemaní, lloró por Jerusalén (Lc. 19:41). Jesús no es ajeno a nuestras dificultades y crisis, nos comprende y fortalece para que sigamos adelante. Recuerda que Jesús conoce lo que vives y sientes, y como llegó a ayudar a Marta y a María, también viene en tu ayuda.

Jesucristo es Dios todopoderoso, el Señor resucitó a Lázaro (Puedes saber más acerca de Jesús en nuestro “Seminario de Cristología”).  El milagro de la resurrección de Lázaro era más difícil (humanamente), porque: la cueva tenía una piedra puesta encima, Lázaro hedía pues tenía cuatro días de haber muerto, para Marta y María el milagro ya no era posible. Para todos ya no había nada que hacer, sólo llorar: Jn. 11:18-19, 31. La muerte ya tenía a Lázaro en sus manos.

Nuestra confianza en Dios, debe estar por encima de las voces humanas y circunstanciales, de la adversidad, de nuestros sentimientos de fracaso, y más bien debemos ir a Su presencia. El Señor oró y declaró la palabra de vida, y Jesús fue glorificado. Ante la palabra de Jesús, la muerte devolvió a Lázaro, y el sepulcro no fue lo suficientemente fuerte para retenerlo.

Reflexión final: Nuestro Señor Jesús no ha cambiado, él es Dios todopoderoso, conoce nuestra condición y tiene misericordia. Acerquémonos confiadamente y depositemos nuestro corazón en él y en su soberanía.

Escrito por Pastor Gonzalo Sanabria 

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