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EL SALUDO A LAS SIETE IGLESIAS

EL SALUDO A LAS SIETE IGLESIAS
(Pastores Gonzalo y Andrea Sanabria)
Dios envía un mensaje a las siete iglesias de Asia; ya que el número siete implica algo completo o pleno, vemos entonces aquí un mensaje al Cuerpo de Cristo, es decir a toda su Iglesia. Esto lo confirmamos, cuando al finalizar el mensaje a cada una de las iglesias, dice: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”, y teniendo presente que Su palabra no pasará, vemos entonces que el mensaje es para todas las iglesias locales, y para la Iglesia de Cristo en todo tiempo. Ya que Cristo es el Novio, no deja de hablarle a su Iglesia, procurando que esté despierta y dispuesta para la venida de su Señor…

EL SALUDO A LAS SIETE IGLESIAS
“Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono; y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” Apocalipsis 1:4-5.
En éstos versículos podemos ver cosas muy interesantes, e importantes para nuestra vida. Por ejemplo, consideremos el destinatario: Las siete iglesias de Asia. Cada una de ellas con su propia identidad, con sus propios desafíos y luchas. Al detenernos en cada una de ellas vemos las diversas situaciones, fortalezas y enemigos. Sin embargo, Dios las ve como una sola: La novia del Cordero, una sola Iglesia redimida por la sangre de su Hijo, un solo cuerpo. Por eso, Jesús no viene por una denominación, él viene por su amada iglesia, todos los redimidos por la fe en la sangre de Jesucristo el Señor.

Con el mismo amor, poder y grandeza, él ve cada iglesia local, la conoce profundamente, sabe cómo late su corazón, cuantas heridas deben ser sanadas, y cuanto pecado debe ser limpiado. Él conoce la condición de cada uno de sus miembros y por eso se ocupa de hablarle a cada una de ellas en detalle. Cuán grande es Su amor y cuidado (Acerca de Su cuidado te invitamos a leer: “Librado de la Angustia”).  

Consideremos ahora al autor: Vemos en éstos versículos a tres personas que se adjudican el mensaje, vemos entonces, creo yo, al Dios trino. El Padre, “los siete espíritus que están delante de su trono”: plenitud manifiesta del Espíritu Santo; “y de Jesucristo”: el Hijo. Hablan los tres y hablan lo mismo. Que hermosa y poderosa unidad, ella sola nos desafía con su ejemplo, que armonía, cuán grande amor. Al considerar nuestras vidas, y relaciones familiares, eclesiales y ministeriales, tenemos que reconocer que nos falta muchísimo para parecernos a Dios. 

En éste capítulo el apóstol Juan tiene una visión de Cristo glorificado. Recordemos que de los doce apóstoles era Juan era el más cercano a Jesús, pero ésta nueva experiencia será gloriosa pues vería al Señor Jesús en el esplendor de su gloria, sería algo nuevo para el apóstol. Así es nuestro Dios, siempre nos está sorprendiendo y enseñando.

De Jesucristo se revelan tres facetas: “el testigo fiel”: testigo del griego martus, que además significa: “uno que da testimonio mediante su muerte”. Mediante su sacrificio certificó la existencia del tormento eterno, y trajo salvación a la humanidad. Por amor dio su vida y nos limpió de pecado con su sangre (Acerca del poder de la sangre te invitamos a leer: “Hay Salvación para tu Familia”). 

“El primogénito de los muertos”: es decir el primero que resucitó en gloria (los que anteriormente resucitaron volvieron a morir, Cristo resucitó, vive para siempre y es dador de vida, por eso él dijo: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá”).

“El soberano de los reyes de la tierra”: soberano del griego arcon, que también significa: gobernante, es decir el gobernante de los reyes de la tierra. Recordemos que él vino como cordero, se humilló, pero el Padre lo exaltó hasta lo sumo y “le dio un nombre que es sobre todo nombre, y toda rodilla se doblará, y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor”, las rodillas de todos los reyes y poderosos  que han existido en la tierra, y los poderes demoniacos debajo de la tierra, un día se doblarán ante nuestro Señor Jesucristo. A él sea toda la gloria.

Reflexión final: La frase: “De tal manera amo”, nos hace pensar mucho más allá de la cruz, nos hace pensar en la eternidad primera y postrera, cuando el Padre lo envía, cuando el Hijo decide dejar su gloria, cuando lo volvamos a ver en el reino venidero, pero aún con las señales en sus manos, pies y costado. Definitivamente sólo podemos callar ante su gran amor, va más allá del entendimiento humano, por eso Juan más bien dice: “De tal manera amo al mundo”.
   
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