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EL PROFETA HABACUC Y SU ORACIÓN

EL PROFETA HABACUC Y SU ORACIÓN
(Pastores Gonzalo y Andrea Sanabria)

Dormía un león, cuando un ratón empezó a jugar encima de su cuerpo. Despertó el león y atrapó al ratón; y a punto de ser devorado, le pidió éste que lo perdonara, prometiendo devolverle el favor. Jactándose, El rey de la selva echó a reír, pero lo dejó marchar. Pocos días después unos cazadores apresaron al león y le ataron con una cuerda a un árbol. Pasó por ahí el ratón, quien al oir los lamentos del león, corrió al lugar y royó la cuerda, dejándolo libre, y le dijo: “Te burlaste de mí, pensando que nada podría hacer por ti. Pero recuerda, no somos capaces de hacerlo todo”. Debemos despojarnos del orgullo, de la soberbia y autosuficiencia, reconocer que necesitamos a Dios, y que él es poderoso y bueno para ayudarnos en todas las circunstancias. Como nos lo enseña el profeta Habacuc...  

EL PROFETA HABACUC Y SU ORACIÓN

“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación” Habacuc 3:17-18.

El profeta Habacuc es consciente de la adversidad. Éste libro es escrito en el año 600 A.C. aprox. antes del cautiverio babilónico, pero ya era conocida la fuerza del imperio de Babilonia, y estaba profetizado el cautiverio (seguro había incertidumbre, miedos, y todos sabían de la ferocidad y crueldad del ejército babilonio). Por las sequías o por el ejército de Babilonia, se acabarían o serían destruidos los viñedos, las higueras, el aceite, las ovejas y las vacas, productos principales de Israel (pueblo agricultor).

El Libro de Habacuc es un libro profético que toma su nombre de su autor y probablemente significa “uno que abraza”. Al final de la profecía, este nombre se vuelve apropiado conforme el profeta se aferra a Dios independientemente de los planes del Señor hacia su pueblo. Esto nos recuerda que el gozo del creyente está en Dios mismo, no en las circunstancias (Puedes saber más acerca del verdadero gozo en: “El Gozo de Dios”). 

El profeta Habacuc decide confiar y gozarse en Dios. Por eso el versículo 17, comienza diciendo: “Aunque”, y el versículo 18, nos dice: “con todo, me gozaré en Dios”. Al observar el final del libro aparece una inscripción: “Al jefe de los cantores. Para instrumentos de cuerdas”, lo que sugiere que Habacuc era un levita (cantor, músico), concluimos pues que nos sólo era un músico, era ante todo un adorador. La adoración se centra en la esencia y poder de Dios mismo, por eso podemos ver la fuerza de la fe del profeta. La razón de su alegría, de su gozo era Dios mismo, no la “bendición”.

Son interesantes aquí los significados de su nombre. Habacuc significa: “hierba fragante” (nos habla de una vida agradable a Dios), y también significa: “el que abraza”, es decir uno que ama, uno que se aferra a Dios; por su estilo de vida, que es la mejor adoración, Habacuc mostraba su amor y fidelidad a Dios (Puedes ampliar el concepto de adoración en: “La Verdadera Adoración”). 

El texto de hoy nos dice: “me alegraré en Jehová, me gozaré en el Dios de mi salvación”, los términos hebreos para alegrarse y gozarse, usados aquí, traducen e indican: “saltar de gozo”, “regocijarse, divertirse”, “girar alrededor”, “gritar de regocijo”, hablamos entonces de un gozo manifiesto, evidente. El profeta confiado en la bondad de Dios no permitió que la adversidad derribara su gozo en Dios, sino que lo expresa con fuerza (recuerda “el gozo del Señor es nuestra fuerza”).

Reflexión final: En el camino de Cristo aparecerán dificultades u obstáculos que superar, incluso momentos de escasez (como le ocurrió a Israel y al profeta Habacuc), pero estos son momentos donde debemos fortalecernos en Dios, pues al final veremos la bendición y victoria en Cristo.

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