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CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DE JESÚS (2ª PARTE, Devocional No. 056)

(Pastores Gonzalo y Andrea Sanabria)
Hay circunstancias dolorosas por las cuales debemos pasar, son diseñadas en el cielo, son parte de nuestra formación y tiene un propósito divino. Lo vemos en el ministerio del apóstol Pablo, en el resto de apóstoles y siervos del Señor. Al considerar la vida de Jesús lo vemos claramente, él fue rechazado, traicionado, calumniado, menospreciado y perseguido. La misma Escritura dice: “y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia” (Heb. 5:8). Uno de los factores que nos impulsa y ayuda a perseverar en medio de éstas situaciones dolorosas, es el temor de Dios…

CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DE JESÚS (2ª Parte)

“Llevaban también con él a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos. Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda”, Lc. 23:32-33.

Nuestra vida a veces atraviesa por tiempos humanamente incomprensibles, y el temor de Dios es una fortaleza en medio de ésos tiempos dolorosos y difíciles de asimilar. Consideremos el momento que nos narra el pasaje de hoy. Jesús es llevado como un criminal por las principales calles de Jerusalén, su rostro está desfigurado, ha perdido abundante sangre, y sus discípulos lo han abandonado.

Sin duda, éste momento era difícil de entender y asimilar para la multitud y para los discípulos, para su madre y sus hermanos (aunque él ya los había advertido). Podemos considerar varias razones para pensar así:

1.   Por qué morir de manera tan deshonrosa, y en medio de criminales?
2.   Por qué ahora, en la plenitud del ministerio?
3.   Por qué ahora, cuando hay tanto por hacer y tanto que conquistar?
4.   Por qué si sólo lleva tres años con sus discípulos? 

Y seguramente muchas otras preguntas, pero la voluntad de Dios estaba detrás de todo esto, finalmente Dios sabía lo que estaba haciendo, aunque en la tierra no se entendía lo que estaba pasando en el momento (recordemos que aún el mismo Pedro trató de disuadir a Jesús cuando se acercaba la crucifixión).
  
El temor de Dios nos fortalecerá y nos llevará al cumplimiento de la voluntad del Señor. En ésta ocasión uno de los malhechores expresa su temor de Dios: “Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo” (Lc. 23:40-41). 

Éste temor reverente también estuvo en Jesús: “Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente”, Heb. 5:7.
            
La Biblia dice que: “el temor de Dios es el principio de la sabiduría”, “el temor de Dios es un tesoro”, el temor de Dios debe ser la pareja inseparable de la fe, pues Hebreos 11:7 nos enseña que Noé “por la fe… y con temor preparó el arca”, Noé no entendía, no veía, pero creyó, y con temor de Dios construyó por 120 años el arca. 

El temor de Dios te hace pensar: “no entiendo, pero creo. No comprendo, pero confió en Su amor y Su cuidado, no entiendo lo que está pasando, pero le seguiré, no comprendo, pero voy a obedecerle”.  

Reflexión final: En nuestro caminar cristiano, vamos a vivir circunstancias no sólo dolorosas sino incomprensibles, y allí debemos asirnos de la fe y del temor de Dios, para perseverar confiando en la bondad y soberanía del Señor, pues él es bueno y sin duda, sabe lo que hace.
       
Te invitamos a leer los siguientes artículos:

2.   EL PODER DE LA FE



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