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LA FAMILIA DE MOISÉS (Devocional 045)

 (Pastores Gonzalo y Andrea Sanabria, Devocional No. 045)
LA FAMILIA DE MOISÉS

El pasaje bíblico de Éxodo 18 nos narra la visita de Jetro a Moisés. Éste había enviado a su esposa Séfora y sus dos hijos (Gersón y Eliezer) a casa de su suegro Jetro, y había transcurrido un tiempo durante el cual Dios había hecho muchas cosas: las plagas sobre Egipto, el paso por el mar rojo, el agua y maná en el desierto, la gran victoria sobre Amalec y su ejército; pero su familia: Séfora, y sus dos hijos, no habían estado allí. Moisés no había estado con ellos, y es interesante que la Escritura nos diga que fue Jetro (el suegro) quien tomo la iniciativa de venir a Moisés y traerle su familia... 

“Y Jetro el suegro de Moisés, con los hijos y la mujer de éste, vino a Moisés en el desierto, donde estaba acampado junto al monte de Dios; y dijo a Moisés: Yo tu suegro Jetro vengo a ti, con tu mujer, y sus dos hijos con ella”. Ex. 18:5-6.

Moisés estaba “en el desierto”, lugar difícil, solitario y adverso, y Jetro consideró que Séfora y los niños debían estar con su esposo y padre respectivamente (Jetro es figura de sabiduría y prudencia, ayudo a Moisés a corregir varios errores que estaba cometiendo). Es fundamental recordar aquí que la unidad familiar es una columna que soportará las más crueles adversidades.

“Moisés estaba acampado junto al monte de Dios”, el término “acampado” del hebreo Kjaná, traduce además: atrincherar, detener, habitar; y nos deja ver que Moisés había tomado ese lugar por morada, por lugar de habitación. Por supuesto, con todas las señales, milagros y manifestaciones gloriosas de Dios, Moisés estaba absorto o sumido en la presencia del Señor, y aparentemente había olvidado a su familia que estaba donde el suegro, y éste los trae a él, ahora la familia de Moisés está completa.

Creo que la voluntad de Dios es que caminemos con nuestra familia, que ellos también puedan ver la gloria de Dios manifestada, pero a veces para nosotros la comunión con Dios y el servicio al Señor son tan especiales e intensos que nos olvidamos del tiempo de calidad para la esposa y para los hijos (Es interesante que los hijos del profeta Samuel, los hijos de Moisés, entre otros, no aparecen después de sus padres, desempeñando un papel significativo en las Escrituras).

Reflexión final: Dios debe ocupar el primer lugar en nuestro corazón, Jesús mismo lo dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”. Nuestro “prójimo” más cercano es nuestro cónyuge, son nuestros hijos. Nuestra familia es un tesoro, que debemos cuidar con la sabiduría de Dios.  

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