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LA COMUNIÓN PUESTA A PRUEBA


Introducción: Cuando Israel sale de Egipto, y llega al monte Sinaí, Dios le da las instrucciones para marchar por el desierto, y dice: “La bandera del campamento de los hijos de Judá, según sus ejércitos, partió primero”, Judá significa alabanza, y eso nos enseña que así se cruza el desierto, lamentablemente Israel hizo lo contrario: quejas, murmuraciones, rebeliones… el desierto era sólo una parte necesaria del camino, no era su destino. Los momentos de prueba y crisis en nuestra vida, no son nuestro destino, son una parte del camino…    
  
La comunión puesta a prueba
                  
    I.   BUSCA A DIOS AUNQUE TU ALMA ESTÉ AFLIGIDA, Mt. 26: 36-38.

a)    Es necesario pasar por Getsemaní.  

Nota: El monte de los olivos está ubicado al nororiente de Jerusalén, muy cerca de la capital, en éste monte hay un huerto especial que se llama huerto de Getsemaní, actualmente vallado y mantenido como jardín. Su nombre significa: “prensa de aceite” o “lagar de aceite” (instrumentos con los que se obtenía el aceite de las aceitunas que eran trituradas o pisadas…). Es un huerto muy diferente al huerto del Edén, pues en éste Jesús dice: “hágase tu voluntad”, y en el Edén, Adán hizo su propia voluntad… aquí somos probados, guardando la proporción, todos tenemos que pasar por nuestro Getsemaní. Realmente Jesús venció la muerte en éste huerto, pues murió así mismo, para hacer la voluntad del Padre…  

b)    Jesús desde su profunda tristeza, optó por orar. 

Nota: Al día siguiente sería crucificado, experimentaría dolores nunca antes vividos, viviría un momento de separación del Padre.
Nota: Aunque iba con sus discípulos, escogió a tres de ellos para abrirles su corazón… su angustia y tristeza era profunda, y desde ésta condición decidió buscar el rostro del Padre celestial (y es lo que debemos hacer). Jonás desde el vientre del gran pez clamó a Jehová, David invocó al Señor en medio de la angustia y la persecución, Jabes desde una situación de fracaso, esterilidad y frustración, invocó al Dios de Israel y le otorgó Dios lo que le pidió. A veces nuestro corazón se turba, nuestras emociones se alteran, es como si nuestro corazón viviera una tormenta, y allí debemos llamar a Jesús, quien es experto en calmar tormentas, y su paz vendrá a gobernar nuestro corazón, y nuestra perspectiva de los problemas será diferente…      

II.  RINDE TU VOLUNTAD A DIOS, Vrs. 39.

a)   Nuestra prioridad debe ser el deseo del Padre

Nota: En su humanidad, Jesús, expresa el deseo de no tener que beber la copa que el cielo le ponía delante (la cruz). El texto dice que “se postró” indicándonos su humillación y sometimiento a la voluntad del Padre: “pero no sea como yo quiero, sino como tú”.

La naturaleza de Adán nos impulsa a hacer nuestra propia voluntad, pero ahora Cristo, el postrer Adán ha venido a vivir en nosotros para que hagamos Su voluntad, sin embargo la mayoría de las veces preferimos nuestra propia voluntad, pues es más fácil no entrar en nuestro propio Getsemaní, porque eso implica morir a nuestros deseos, implica dolor tal vez, implica quizá oír lo que nuestros oídos no quieren escuchar. 

Por ejemplo: Sarai afligía a su sierva Agar, después de dar a luz el hijo de Abraham, Ismael, así que ella huyó al desierto y el ángel del Señor le dijo: “¿de dónde vienes tú, y a dónde vas? Y ella respondió: Huyo de delante de Sarai mi señora. Y le dijo el ángel de Jehová: Vuélvete a tu señora,  y ponte sumisa bajo su mano”. No siempre Dios nos dice lo que queremos escuchar…
   
b)    Ora hasta alcanzar el testimonio de la respuesta en tu espíritu,      vrs 44.

Nota: El número tres en la Biblia indica: plenitud, completo, perfección en testimonio. Cuando Jesús terminó de orar la tercera vez, habló con seguridad y fortaleza acerca del momento que tenía que enfrentar,      vrs. 46. Estaba seguro de la voluntad del Padre, y de sus promesas, como el Sal. 16:10 “Porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción”, así que estaba seguro que al tercer día el Padre lo levantaría de los muertos en poder y gloria.

Como Elías quien se agachó en tierra y puso su rostro entre las rodillas, siete veces (El siete ocupa un lugar eminente entre los números sagrados en las Escrituras, y está asociado con la idea de consumación, cumplimiento, y perfección), Elías lo hizo siete veces, y a la séptima vez, el cielo dio lluvia y la tierra produjo su fruto”. No abandonemos la oración, hasta que alcancemos la respuesta de Dios.        

c)   El Padre no quitó la cruz, pero le dio la fortaleza para enfrentarla.

Nota: El evangelio de Lucas nos añade que “se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle”, o para “recobrar fuerzas”, con su inmenso poder el Padre no anuló la cruz, sino que le envió fortaleza para vencer lo que estaba por delante.

Podemos recordar también lo que dice el Salmo 91: “Con él estaré yo en la angustia”, así que seguro habrán momentos difíciles que vivir, pero Dios promete que estará con nosotros y veremos su salvación. Por ej: Con su poder Dios pudo haber sacado a Daniel del foso de los leones, pero le permitió pasar la noche allí, protegido por el ángel del Señor, y la gloria para Dios y la honra para Daniel, vino en la mañana.

Las oraciones de éxito, no son aquellas que logran lo que queremos, en el tiempo que programamos, sino las que alcanzan respuestas que glorifican a Dios.          

III.   PERSEVERA AUNQUE OTROS TE FALLEN, Vrs. 40, 43.

a)    Sus discípulos lo dejaron solo.

Nota: Aún aquellos tres en quienes él confiaba de manera especial, lo dejaron sólo… qué difícil es cuando los de casa, los tuyos no están contigo, ni te apoyan. Por ej: la esposa no apoya a su esposo, o cuando al esposo le es indiferente la dificultad de su esposa, o cuando los hijos no se involucran en el sueño de su padres, o cuando nadie se entera o se preocupa de tu crisis, o tú visión no es importante para los demás. Eso le pasó a Jesús, esa noche Jesús tenía una prioridad (orar), ellos tenían otra: dormir… Seguramente, otros nos fallarán, y entonces ¿qué haremos?    

b)    Cuando los discípulos le fallaron, Jesús se fue por segunda vez y oró, y luego por tercera vez se fue y oró.

Nota: En diferentes momentos de su vida, Jesús vivió el rechazo, la decepción, la tristeza, y aún la traición, pero su respuesta fue la oración, fue buscar el rostro de Dios, entrar en su presencia, renovar las fuerzas en él, y seguir adelante, pues aunque en la tierra te fallen, aunque los cercanos te fallen, Dios nunca te fallará…

El apóstol Pablo en los últimos días de su vida, vivió una experiencia similar, pues cuando escribe su última carta (2 Tim.) le dice a su discípulo Timoteo, a su amado hijo en la fe, como él lo llama: “procura venir pronto a verme” (él mismo expresa su soledad y cómo la percibió: “En mi primera defensa nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron”). Y también le dice: “cuando vengas trae la capa que dejé en Troas… y los pergaminos” y “procura venir antes del invierno”, se acercaba el invierno y por eso quizá pide la capa, pero la historia no registra la visita de Timoteo, y la tradición sostiene que Timoteo no alcanzó a llegar…

Pero así como en su primera defensa la fortaleza de Pablo fue el Señor, nuevamente Dios lo fortalecería, por eso él dijo: “pero el Señor estuvo conmigo y me fortaleció, y fui librado de la boca del león. El Señor me librará de toda obra mala y me preservará para su reino celestial”.     

Conclusión: Dios cumple su Palabra, y él dijo que nunca te dejará, ni te desamparará, sin importar la condición de tu alma busca a Dios, rinde tu voluntad al Señor y persevera buscando su rostro, sin importar qué suceda, él es fiel y se levantará para socorrerte y darte fuerzas, y tú verás la salvación del Señor…

              Pastores Gonzalo y Andrea Sanabria.
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